PARA TI, ME HE ENAMORADO

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Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡quiéreme toda… o no me quieras!

Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
en la tremolación que hay en mi mano…

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
lo que besaste llevará hermosura!

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Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada,  y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.  El viento de la noche gira en el cielo y canta.  Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Yo la quise, y a veces ella también me quiso.  En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.  La besé tantas veces bajo el cielo infinito.  Ella me quiso, a veces yo también la quería.  Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.  Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.  Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.  Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.  Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.  La noche está estrellada y ella no está conmigo.  Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.  Mi alma no se contenta con haberla perdido.  Como para acercarla mi mirada la busca.  Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.  La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.  Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.  Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.  Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.  De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.  Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.  Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.  Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.  Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,  mi alma no se contenta con haberla perdido.  Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,  y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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