CULTURA

4d45460fa27e1c77c10e2fb41ad8fcb3Como toda tecnología, Internet es una creación cultural: refleja los principios y
valores de sus inventores, que también fueron sus primeros usuarios y
experimentadores. Es más, al ser una tecnología de comunicación interactiva con
fuerte capacidad de retroacción, los usos de Internet se plasman en su desarrollo
como red y en el tipo de aplicaciones tecnológicas que van surgiendo. Los valores
libertarios de quienes crearon y desarrollaron Internet, a saber, los investigadores
académicos informáticos, los hackers, las redes comunitarias contraculturales y los
emprendedores de la nueva economía, determinaron una arquitectura abierta y de
difícil control. Al mismo tiempo, cuando la sociedad se dio cuenta de la
extraordinaria capacidad que representa Internet, los valores encarnados en la red
se difundieron en el conjunto de la vida social, particularmente entre las jóvenes
generaciones. Internet y libertad se hicieron para mucha gente sinónimos en todo el
mundo.
Frente a tal transformación tecnológica y cultural, los detentores del poder de
controlar la información a lo largo de la historia, es decir, los estados y las iglesias,
reaccionaron con preocupación y, en los estados no democráticos, con hostilidad,
tratando de restablecer el control administrativo de la expresión y la comunicación.
Pero la ejecución del proyecto estatista sobre Internet se encuentra con obstáculos
considerables. En los países democráticos, Internet se consolida como instrumento
esencial de expresión, información y comunicación horizontal entre los ciudadanos
y recibe la protección constitucional y judicial de las libertades. En todos los países,
menos en las teocracias, la importancia económica y tecnológica de Internet
excluye que se pueda ignorar o relegar su amplio uso en la sociedad. Más aún, la
ideología del progreso mediante la tecnología hace de la promoción de Internet un
valor legitimador para gobiernos que fundan su estrategia en el desarrollo
económico dentro del marco de la globalización. De ahí el complicado encaje de
bolillos político entre la libertad y el control por parte de los Estados.
Por su parte, los internautas suelen afirmar sus derechos individuales fuera de
contexto, situándose como vanguardia tecnológicamente liberada de una sociedad
informáticamente iletrada. Más aún, los emprendedores llegan a empresarios
mediante la comercialización acelerada de Internet, un proceso en el que
frecuentemente traicionan sus principios libertarios, por ejemplo, mediante el
sacrificio de la privacidad de sus clientes o la colaboración técnica e informativa con
los dispositivos de control y vigilancia de la Administración.
Los ciudadanos, en general, tienden a hacer un uso instrumental y poco ideológico
de Internet: lo utilizan para lo que les sirve y consideran la libertad en Internet como
un tema fundamental cuando hace tiempo que se han acostumbrado al control
político y comercial de su principal fuente de información: la televisión. Pero dicha
actitud puede cambiar conforme vaya asentándose en la sociedad la primera
generación que está creciendo con Internet. Conforme el uso de Internet vaya
generalizando la información y el conocimiento sobre la importancia social decisiva
del control sobre Internet, puede ser que la batalla por la libertad en la red, incluida
la libertad económica de acceso a la red, desborde los confines de la actual elite
ilustrada.
Internet: ¿una arquitectura de libertad? Libre comunicación y control del
poder
¿Es controlable Internet? Éste es un debate sempiterno en el que se mezclan los
sueños personales, los grados de (des)conocimiento tecnológico, la rutina del poder
y la rapidez del cambio de los parámetros de referencia. Tratemos de clarificarlo.
En principio, el diseño de la red, a partir de una estructura en estratos (layers), con
capacidad distribuida de comunicación para cada nodo y transmisión por packet
switching, operada por protocolos TCP/IP, según múltiples canales de
comunicación alternativos, proporciona una gran libertad a los flujos de información
que circulan por Internet (www.isoc.org).
En sentido técnico, es cierta la célebre afirmación de John Gilmore de que los flujos
en Internet interpretan la censura (o interceptación) como un fallo técnico y
encuentran automáticamente una ruta distinta de transmisión del mensaje. Al ser
una red global con poder de procesamiento de información y comunicación
multinodal, Internet no distingue fronteras y establece comunicación irrestricta entre
todos sus nodos. La única censura directa posible de Internet es no estar en la red.
Y esto es cada vez más costoso para los gobiernos, las sociedades, las empresas y
los individuos. No se puede estar “un poquito” en Internet. Existe, sí, la posibilidad
de emitir mensajes unidireccionales propagados en Internet, sin reciprocidad de
comunicación, en la medida en que los servidores de un país (por ejemplo,
Afganistán) permanezcan desconectados de la red interna. Pero cualquier conexión
en red de ordenadores con protocolos Internet permite la comunicación global con
cualquier punto de la red.
Sin embargo, si la red es global, el acceso es local, a través de un servidor. Y es en
este punto de contacto entre cada ordenador y la red global en donde se produce el
control más directo. Se puede, y se hace en todos los países, negar acceso al
servidor, cerrar el servidor o controlar quién comunica qué y a quién mediante una
vigilancia electrónica de los mensajes que circulan por el servidor. Pero los
censores no lo tienen tan fácil como parece. Primero, porque en algunos países hay
una protección legal considerable de la libertad de expresión y comunicación en
Internet. Tal es el caso, en particular, de Estados Unidos, en donde, en 1996 y en
2000, los tribunales estadounidenses, con sentencias corroboradas por el Supremo,
declararon inconstitucionales dos intentos legislativos de la Administración Clinton
para establecer la censura de Internet, con el pretexto de controlar la pornografía
infantil. En una sentencia célebre, de 1996, el Tribunal Federal del Distrito Este de
Pensilvania reconoció que Internet es un caos, pero afirmó, textualmente: “La
ausencia de regulación gubernativa de los contenidos de Internet ha producido,
incuestionablemente, una especie de caos, pero lo que ha hecho de Internet un
éxito es el caos que representa. La fuerza de Internet es ese caos. De la misma
forma que la fuerza de Internet es el caos, la fuerza de nuestra libertad depende del
caos y de la cacofonía de la expresión sin trabas que protege la Primera Enmienda.
Por estas razones, sin dudarlo, considero que la Ley de Decencia en las
Comunicaciones es prima facie inconstitucional.” Así se protegió una libertad
amenazada por una Administración que, pese a sus declaraciones en favor de
Internet, siempre desconfió, como la mayoría de los gobiernos, de la libre expresión
y autoorganización de los ciudadanos1ee5fccd869d0d0989f5e534dfad4e90

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